La uña encarnada, uñero u onicocriptosis, es una de las molestias más frecuentes en consulta podológica. Aunque en muchas ocasiones comienza como una simple incomodidad, con el paso de los días puede convertirse en un problema doloroso que dificulta caminar, hacer ejercicio o incluso llevar un calzado cerrado con normalidad.
Este problema aparece cuando uno de los bordes de la uña se clava en la piel que la rodea, generando inflamación, enrojecimiento y dolor. En la mayoría de los casos afecta al dedo gordo del pie, aunque también puede aparecer en otros dedos. Cuando no se trata a tiempo, la zona puede irritarse más, infectarse y empeorar de forma progresiva.
En Clínica Sánchez Doblado siempre insistimos en la importancia de no normalizar el dolor en los pies. Una molestia mantenida, por pequeña que parezca al principio, puede ser la señal de que algo no está evolucionando correctamente.
¿Por qué aparece una uña encarnada?
La uña encarnada puede deberse a distintos factores, y en muchos casos no existe una sola causa, sino la combinación de varias que explicamos a continuación.
Uno de los motivos más habituales y conocidos por nuestros pacientes es un corte inadecuado de las uñas. Cuando se recortan demasiado o se redondean mucho las esquinas, se favorece que la uña, al crecer, se introduzca en la piel en lugar de seguir su trayectoria natural.
Pero en consulta es mucho más habitual darnos cuenta del motivo real de esta patología, y en muchos de los casos se trata de una cuestión biomecánica. Determinadas deformidades en los dedos, una posición mantenida en flexión o extensión del primer dedo, o incluso una rotación alterada del mismo pueden generar una presión inadecuada sobre la uña y los tejidos que la rodean.
Del mismo modo, una pisada inadecuada puede favorecer que estas cargas se repitan de forma constante y acabar influyendo en la aparición de una uña encarnada. También es frecuente que influya el uso de calzado estrecho o apretado, especialmente aquel que comprime la parte delantera del pie. Así como la sudoración excesiva del pie, una causa muy habitual.
Los pequeños traumatismos repetidos, ciertos deportes, golpes sobre la uña o incluso la propia forma natural de crecimiento, ya que algunas uñas son más curvadas son otras de las causas habituales.
En definitiva, aunque muchas veces parece un problema puntual, conviene valorar por qué ha aparecido para evitar que vuelva a repetirse.
Qué síntomas suelen aparecer
El síntoma más característico es el dolor en uno de los laterales de la uña. Al principio suele notarse al tocar la zona o al ponerse determinados zapatos, pero a medida que avanza también puede molestar al caminar o al apoyar el pie con normalidad.
Además del dolor, es habitual observar enrojecimiento e inflamación alrededor de la uña. En algunos casos, la piel se vuelve más sensible y aparece una sensación de presión constante. Cuando el problema evoluciona más, puede formarse un tejido inflamado alrededor del borde de la uña e incluso aparecer secreción, sangrado o signos de infección.
Cuando una uña encarnada llega a este punto, no solo resulta más molesta, sino que también requiere una valoración profesional para tratarla de forma adecuada y evitar complicaciones.
Cuándo conviene acudir al podólogo
Muchas personas intentan aguantar o resolver la molestia en casa pensando que mejorará sola, pero no siempre ocurre así. Cuando una uña encarnada empieza a doler de forma continua, la zona está inflamada o cada vez molesta más al caminar, lo más recomendable es acudir al podólogo para valorar el estado de la uña y del tejido que la rodea.
También es importante pedir cita si aparecen signos de infección, como pus, aumento del enrojecimiento, calor local o inflamación importante. Del mismo modo, si se trata de un problema que reaparece con frecuencia, conviene estudiar la causa y plantear una solución que no se limite solo a aliviar el dolor momentáneamente.
Cómo puede ayudarte el podólogo
El tratamiento de una uña encarnada dependerá del estado en el que se encuentre y del tiempo de evolución. En los casos más leves, puede bastar con liberar el borde que se ha clavado, desinflamar la zona y realizar las curas necesarias para aliviar el dolor y permitir que la piel se recupere.
A veces no solo es suficiente con realizar una cura o retirada de la espícula, encontramos primordial para el tratamiento de la uña encarnada, evitar la causa, que en reiterados casos se debe a un mal apoyo o pisada generando presión en zonas inadecuadas. En ocasiones puede que no encontremos mejoría si no cambiamos la posición del dedo afectado o del propio pie.
Cuando el problema se repite o existe una alteración en la forma de crecimiento de la uña, el podólogo valorará cuál es la mejor opción para evitar recaídas. El objetivo no es solo mejorar la molestia actual, sino corregir la causa que está favoreciendo que la uña vuelva a encarnarse.
Desde un enfoque podológico, tratar una uña encarnada no significa únicamente “quitar el dolor”, sino cuidar la salud del pie en su conjunto y prevenir que el problema condicione la marcha, el calzado o la actividad diaria del paciente.